I.- Homosexualidad en la Sociedad Actual
La problemática de la sexualidad y sus distintas expresiones es nodal en las sociedades actuales. Lo es porque los debates en torno a ella, atingen en buena cuenta a los modos básicos de ordenamiento de lo social. Estos debates son una muestra de la lucha política y cultural que pone bajo la luz crítica los principios a partir de los cuales se ha organizado la sociedad, por lo menos en la modernidad. La heterosexualidad como norma, la sujeción y control del cuerpo femenino vinculado a la asociación sexualidad-reproducción, la potencia viril como forme de masculinidad, entre otros, no dejan espacio a posibles diferencias. (Araujo, K.; 2007)
El tema de la homosexualidad o bisexualidad requiere atención especial en la contingencia actual. Ella remite a un pequeño grupo de personas, llamadas minorías, que no encuentran cabida a sus necesidades en una sociedad que tapa sus oídos frente a sus demandas. Ciertamente la homosexualidad es un tema complejo de abordar, producto de la gran cantidad de significados y descripciones, corrientes teóricas, filosóficas, biológicas o sociales que intentan definir sus parámetros, resulta urgente abarcarla de la mejor manera posible.
Si revisamos diversas fuentes bibliográficas, podemos encontrarnos con distintas reflexiones respecto de lo que significa la homosexualidad y cómo se origina. Si consideramos que ésta puede no ser el resultado de una elección personal, entonces surgen las siguientes preguntas: ¿a qué se debe la homosexualidad y bisexualidad? ¿Cuál es su génesis? ¿Qué implica ser homosexual o bisexual? ¿Cómo se describe la homosexualidad o bisexualidad?, interrogantes que han sido objeto de muchos estudios desde las distintas disciplinas.
Para la vertiente biológica o científica, los genes pueden predisponer más que determinar la conducta homosexual de una persona, y aún cuando los rasgos genéticos y neuroanatómicos parecieran estar correlacionados con la orientación sexual, la relación causal no está ni mucho menos conocida ni definida. Por otra parte, desde una corriente psicológica, la homosexualidad esta marcada en los primeros años por una perturbación en la relación con el progenitor del propio género, es decir, la persona homosexual refleja un cierto tipo de relación fusionante con la madre o el padre (en el caso de las mujeres) y un desarrollo predominantemente narcisista (proyecto de uno mismo reflejado en el otro). (Mifsud, T.; 2006, pp 176)
Sin embargo, la perspectiva que ha tomado mayor fuerza los últimos tiempos, es una mirada más bien social y constructivista, que refiere a la sexualidad como capacidad del cuerpo y de la subjetividad, que sólo adquiere significado en las relaciones sociales. Los significados que se le otorgan a la sexualidad se organizan socialmente y se sostienen por diversos lenguajes, que establecen fronteras y recorridos de actuación, y que no necesariamente son compatibles con nuestras necesidades. Cada sistema social (país/cultura) construye su propia forma de orden y le atribuye sus propios significados a las prácticas sexuales, en base a los cuales se califica como "sana o anormal" las conductas de los sujetos (Olavaria, J., 2000; pp 105).
En este sentido, destaca a nivel global el auge de una ideología de género por sobre los deseos, comportamientos y representaciones de las/os sujetas/os respecto de su sexualidad. Es posible visualizar la tendencia social hacia el empoderamiento de los parámetros de género (masculino/femenino) y sus conductas asociadas, que invalidan las diferencias sexuales. Bajo este contexto entonces: ¿Dónde se situarían y posicionarían las personas que establecen relaciones de pareja con ambos sexos o personas del mismo sexo? ¿Existe un espacio cultural y social para su desarrollo? Y si así fuese, ¿Qué referentes identitarios se construyen en un universo sexual dominado por una ideología de género particular? ¿Cómo se articulan las relaciones de estas personas al interior del campo de la sexualidad?
Si bien es cierto, es posible constatar una diversidad de orientaciones sexuales en la realidad social, y reconocerla a través de discursos preventivos o educativos, escasamente han sido tratadas de forma tangible y específica por quienes planifican las políticas sociales.
La sexualidad occidental, ha estado históricamente dominada por la heterosexualidad y la reproducción, desvalorizando la diversidad de modos de vivir el deseo. Así, las personas que manifiestan su orientación hacia personas de su mismo sexo o ambos sexos, son categorizadas como homosexuales, lesbianas y/o bisexuales, y rotuladas de "desviadas", "enfermas", sujetos, incluso, "merecedores del rechazo social y su aniquilación"; hecho que imposibilita la extensión y visibilización de la diversidad de comportamientos o conductas, descalificando a quienes orientan su deseo de forma diferente, y negando las reales posibilidades de existencia a la diversidad en la sexualidad humana (INJUV, 2006).
